Manejar la irritación y el enfado en casa

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Sacramento Barba, psicóloga y mediadora de la Fundación ATYME
Quedarse en casa es una oportunidad para disfrutar de la familia, pero también pueden surgir roces, de hecho discutir con quien se convive es normal, existen varias razones para ello.
  • Compartir espacio físico puede agobiarnos, si la vivienda es pequeña es más difícil tener un espacio personal y la falta de privacidad puede llegar a desestabilizarnos.
  • Superados los primeros momentos de impacto, se produce el fenómeno de la habituación, es decir, dejamos de dar importancia a lo que nos está ocurriendo y vuelven los antiguos hábitos, el desordenado volverá a dejar tiradas las cosas, el que es más dado a limpiar querrá tener todo reluciente…
  • En situaciones de preocupación y estrés, las emociones son más altas, si te pone nervioso que alguien grite ahora te molestará más.
  • El paso del tiempo puede ocasionar cansancio y desgaste.

¿Qué podemos hacer?

Imaginemos que tenemos un semáforo que indica el estado emocional, que nos dice como nos sentimos y el grado de esos sentimientos:

  • Si el semáforo está en verde estamos tranquilos a gusto, relajados, es momento de disfrutar, de recordar lo que podemos hacer en otras ocasiones en las que no podamos manejar nuestras emociones, saborear con gusto lo bien que estamos y centrarnos en disfrutar, en el aquí y ahora, en el momento presente.
  • Si el semáforo esta de color ámbar, empezamos a estar nerviosos, preocupados, agitados, es el momento de parar, es la señal que nos avisa que si no hacemos nada la intensidad emocional va a subir, debemos preguntarnos cuál es nuestro objetivo: ¿realmente merece la pena enfadarse? 
  • Si el semáforo se pone rojo nuestros sentimientos son muy altos estamos realmente muy enfadados y con rabia, una vez que ha subido a rojo realmente es difícil bajar la intensidad y tener el control de la situación, si es otra persona la que está “en rojo” lo mejor es no responder, ni entrar al trapo, en rojo nadie escucha ni razona

Un truco para interrumpir esta escalada es “emplear una palabra mágica”, cuando alguien se empiece a alterar podemos utilizar una palabra neutral o divertida (zumba o picatoste, por ejemplo) que sirva de aviso de que debemos parar, que estamos con nuestro semáforo en ámbar, a los niños les encanta y de esta forma se distiende el ambiente. 

Otra opción es cambiar el escenario, irnos a otra habitación, esto se llama tiempo fuera, consiste en salir de la situación que nos pone nerviosos para tomar distancia, disminuir la intensidad emocional y no prestar atención a lo que nos está alterando, ayuda a recuperar el control y a no pasar al rojo, es decir a no elevar el tono de voz, hacer reproches o insultos

Por ejemplo, si nuestro hijo de cuatro años está tirando los juguetes en el salón tras haberle dicho varias veces que los recoja y nos dan ganas de gritarle, nos vamos a la cocina a reponer fuerzas para calmarnos y volver nuevamente y actuar de forma calmada, o si estamos discutiendo con nuestra pareja avisamos que vamos a emplear esta técnica de tiempo fuera, esto es muy importante, para que no se sienta que le dejamos con la palabra en la boca y que no le escuchamos.

Los humanos nos enfadamos, es lo que tiene no ser del planeta marte

Otros “truquillos” al alcance de todos: 

Aceptar lo que nos está ocurriendo, somos humanos, a veces todos nos enfadamos, nos molestamos, nos irritamos, etc., aunque queramos mucho a nuestros seres queridos, restarle importancia y ser benévolos con nosotros mismos

  • Pedir perdón, decir lo siento, tenías razón me he equivocado, es un poderoso calmante, rebaja las emociones y de esta forma nos convertimos en ejemplos para nuestros hijos
  • Hablarnos a nosotros mismos con palabras amables, no autocastigarnos, haced lo que haríamos si nuestro hijo viene llorando porque le duele la tripa, lo consolaríamos, lo abrazaríamos, pero no le diríamos ¡“qué es un insensato, ¡cómo se le ocurre tener dolor de tripa!  
  • Utilizar el humor, la risa nos produce una sensación agradable y nos relaja. Sobre todo, reírnos de nosotros mismos.

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