El roce hace el cariño, y también rozaduras

soluciona y fundación atyme
Un artículo escrito por Antonio Fernández, presidente de SOLUCION@ y Trinidad Bernal, directora de Fundación ATYME
La verdadera solidaridad solo es posible entre los solidarios
José Bergamín

Ningún viaje es fácil; ninguna amistad se llena sólo a base de risas. Las relaciones humanas están llenas de gestos de amor, solidaridad y cooperación, individual y de grupos, pero también, y afortunadamente de diferencias.  La cuestión es si las diferencias somos capaces de gestionarlas constructivamente o no. 

La Fundación ATYME y la Asociación SOLUCION@, acumulamos decenios de experiencia y competencias, ayudando a crear buenos tratos; en cuanto a acuerdos y buenos tratos en cuanto a relaciones personales. 

En la situación en la que estamos, más que nunca, surge la solidaridad, la solidaridad humana, de la que siempre ha hecho gala los seres humanos. La verdad es que siempre ha estado ahí, en su naturaleza, pero en ocasiones se ha visto ensombrecida por otros gestos centrados en el “yo”, en lo que uno quiere y desea, olvidándose del “otro”, gestos donde impera el punto de vista propio y se ve al “otro” como un competidor y, en esos momentos en los que solo prevalece el propio criterio, una forma de salir de esa disyuntiva es el uso de la fuerza.

Para resolver esas situaciones conflictivas, desde tiempos remotos, el ser humano ha buscado una fórmula civilizada, acudiendo al “Derecho” para proporcionar soluciones objetivas equilibradas, con el objetivo de promover la paz social, aunque con un coste, que es el de delegar la solución en manos de “La Justicia”, que por su naturaleza no siempre alcanza a resolver, ni en tiempo, ni en costes, ni en resultados satisfactoriamente. Las personas recurren a ella, con la esperanza de objetividad y de justicia, pero sus expectativas no suelen cumplirse y la decepción hace que la intensidad emocional se incremente, la racionalidad descienda y con ella la posibilidad de utilizar criterios personales para abordar su situación.

Siempre que, por nuestros desacuerdos roces, familiares, vecinales, empresariales, etc., nos surjan “rozaduras” pero nos interese mantener la relación, promover una interacción pacífica, mejorando la comunicación y la relación, tenemos que intentar gestionar el conflicto, dialogando y negociando.  

La mediación de terceros siempre ha existido: una madre que intenta poner paz entre sus hijos, un vecino bien intencionado que media entre dos que están enfrentados, un compañero de trabajo que intercede entre otros dos que han discutido… Pero hoy en día existe “La Mediación” profesional, con principios de voluntariedad, imparcialidad, confidencialidad y un conjunto de competencias profesionales, con metodologías, con técnicas, con procesos, con aptitudes y actitudes. 

La mediación no es una pócima para resolver problemas del sistema judicial, pero si puede ser la vía natural, el primer recurso de ayuda extrajudicial y prejudicial. Independientemente de que los poderes públicos la promuevan, es la propia ciudadanía la que puede beneficiarse de su uso.

La necesidad de mediación no se crea, se detecta. Y se detecta en la calle, escuchando y conversando, poniendo caras y ojos a quienes quieren ser escuchados, expresar sus sentimientos, quienes quieren resolver sus diferencias con equidad, quienes quieren cambiar las cosas y sentirse seguros, quienes quieren ganar en tiempo y mejores relaciones.

La mediación profesional no es ya que sea un sistema extendido en la mayor parte de los países occidentales, ni que los autoridades políticas o judiciales la promuevan, es simplemente que es útil, por su sencillez respecto a embarcarse en pleitos, por su simplicidad y comodidad de uso ahorrando tiempo y costes económicos y emocionales, y porque en todo momento el riesgo, el resultado, está depositado en sus propias manos. 

La mediación está llamada a desempeñar una relevancia creciente en la gestión constructiva de nuestras diferencias, ya sean familiares, empresariales, entre personas y grupos, cuando les surge un problema.

Vivimos tiempos que no esperábamos, que va a suponer un esfuerzo de todos y en todo para superar diferencias, siendo partícipes de la gestión de nuestros problemas sin entregar a un sistema Judicial ya de por sí colapsado. 

Necesitamos una nueva cultura del compromiso, una cultura del pacto, de la confianza y que promueva la cooperación y la solidaridad entre las personas, alejándolas de la competitividad.

La mediación responde a esa nueva cultura, una fórmula que los ciudadanos necesitan conocer para gestionar sus diferencias y que los mediadores podemos acompañarlos en su recorrido.

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