Diario en el convento

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Antonio Albaladejo fue uno de los patronos de la Fundación ATYME en sus inicios, el estado le alarma le pilló en su apartamento de la Residencia San Juan (Alicante) de la ARPF (Asociación para Residencias de Pensionistas Ferroviarios), desde allí nos envía un capítulo de su diario en el que describe como vive el confinamiento y con el que nos podemos hacer una idea de cómo algunos de nuestros mayores hacen frente a esta situación
23 de Marzo de 2020

Se cumple el undécimo día de mi retiro voluntario en este Convento Ferroviario para realizar los ejercicios espirituales laicos a los que nos obliga la prevención de contagio personal del virus que campa por sus respetos y la posibilidad que contagiemos a otros.

He estado más dedicado estos días a relatar en el diario las incidencias ocurridas que nos han afectado a los miembros de la comunidad por las medidas adoptadas desde el exterior y traducidas a nuestra vida diaria por el P. Prior y a mantener las relaciones con amigos, familiares y compañeros del taller, que se decía antes, porque las nuevas tecnologías y el Papa Francisco han hecho de este retiro otra cosa de lo que en otros tiempos era, He logrado establecer las rutinas diarias que me permitan mantener la cabeza fría sin agobios ni ansiedades nefastas para la situación.

El día comienza a nuestra voluntad y yo tengo la llamada de LAUDES a las 8:00h, aunque a MAITINES me levanto para tomar la pastilla de la tensión y aprovechar para otras necesidades. El primer pensamiento es para los lejanos placeres del sexo que alegran el día ¿volverán?, preparación de la infusión para el desayuno, aseo y ejercicios de tonificación de músculos, no mucho que no voy a tener que competir en ningún concurso de culturismo. Paso algunos mensajes para conocer el estado de la gente del exterior más o menos próxima y contesto los que han llegado de los madrugadores.

A las 9:00h comienzo a andar en el circuito que me he marcado dentro de la celda y así estoy una hora y media a buen paso. Acabo de darme cuenta que en todos estos días no he descrito la celda que me ha asignado el Ecónomo del Convento que más parece la del Abad de Poblet y la voy a describir ahora; desde la puerta se accede a un salón con balcón que da al jardín, con sillones y mesa camilla, hay cocina americana y un aseo con ducha y un dormitorio donde hay una cama amplia capaz de poder compartirse con otra persona dispuesta, en mejores tiempos sin aislamiento.

El circuito que me he marcado mide 70 pasos y en una hora hago 50 circuitos.

A las 10:30h me preparo un café, hora tradicional ferroviaria y atiendo mensajes o llamadas. Tras los 20 minutos, que se llamaban de bocadillo, me siento ante el PC para contestar correos, leer la evolución de la enfermedad en Madrid donde está el grueso de familia y amigos y la del lugar donde me encuentro. Nos ha dicho el Padre Prior que en el Convento no hay todavía ningún caso, ni siquiera sospechoso. En este tiempo escribo lo reseñable del día anterior en este Diario.

A la hora del ANGELUS sale el primer turno de personas válidas de la comunidad para hacer una hora de paseo al aire libre y yo inicio la segunda andadura de la mañana de 1h de duración que a veces comparto con llamadas telefónicas itinerantes, que normalmente son familiares o amigos que están pasando lista en su grupo de contactos por si ha habido bajas. 

A las 13:00h preparo lo que será mi comida principal. Debo aclarar que pude traer víveres para cocinarme mis comidas, aunque cuando se ha cerrado el refectorio nos han ofrecido a los de las celdas de lujo servirnos en ella todas las comidas desde la cocina del convento. Si no queremos se comprometen a servirnos artículos de alimentación básicos para seguir haciéndonos la comida, también nos suministran, bajo petición las medicinas que tengamos bajo receta médica. No he necesitado nada todavía y esperaré a agotar mis existencias para pasar a los siguientes escalones. El día de la fecha he comido unos garbanzos guisados el domingo y fritos con blanco murciano como plato único.

A las 15:00h, comienza el primer turno de tarde para paseo, de una hora, de la Comunidad (nunca más de 30 personas) que hay que hacer solos, manteniendo las distancias de seguridad, sin hablar parados y solo diciendo el “benedicamus Domine” al cruzarse con otra persona sin mirarla para que no le lleguen gotas de saliva. 

A las 16:00h en días alternos me toca a mí, es decir lunes esta semana. Me toman la temperatura y me hacen las advertencias para el paseo, teniendo que volver sin que nadie me haga indicación cuando se termine mi tiempo. Hace viento desagradable pero no llueve. También en el jardín tengo marcado un circuito de 2200 pasos y hoy en los dos primeros circuitos he logrado bajar el tiempo a 15 minutos, pero en la segunda media hora no he logrado completar otros dos circuitos. Todo se “andará”. A la vuelta y en el sillón, descanso que aprovecho para comunicarme por whatsapp con los distintos grupos e intercambiar novedades a ser posible al margen de la política y de las responsabilidades sobre las actuaciones de cada uno en la enfermedad, para poder mantener un cierto equilibrio mental.

A las 18:00h infusión digestiva y nueva andadura de 1h con o sin llamadas telefónicas, generalmente con, ya que hay algunas de hijos y hermanos que son diarias.

A las 19:00h reseño en papel las vicisitudes del día con comentarios que no procede incluir en este DIARIO, comienzo la lectura diaria. En estos días pasados he leído “El libro de los adioses” de Ramón Pernas y he comenzado otro que es un estudio comparativo de la literatura de las mujeres escritoras del Reino Unido en del siglo XVIII y siguientes, No es demasiado ameno pero si interesante y para cuando germine tengo preparado “Reina sin Reino “de Peridis.

A las 20:30h preparo la colación, que ha sido judías verdes hervidas con una lata de atún, friego los utensilios utilizados y sigo con la lectura hasta COMPLETAS en la que es obligatorio un tiempo variable de meditación sobre la brevedad de la vida. 

Cuántos de los que nos encontramos en aislamiento estamos pensando algo positivo que permita avanzar a la sociedad

La de este día ha sido sobre un sucedido que he recordado de la peste bubónica en UK en el Siglo XVII, en el que Newton, alumno en un Colege de Londres asistiendo a estudiantes ricos para pagarse su enseñanza y estancia , lo tiene que abandonar con motivo de la epidemia y se retira a su pueblo y allí, refirió muchas veces la anécdota de la manzana que le cayó una noche y que ha sido bastante controvertida, pero la realidad fue que en ese entorno de soledad y aislamiento desarrollo la teoría de la gravitación universal dándole el soporte matemático suficiente para que haya llegado hasta nuestros días. Mi pregunta ha sido cuántos de los que nos encontramos en este régimen de aislamiento estamos pensando algo positivo que le permita avanzar a la sociedad para evitar o contrarrestar en el futuro con más eficacia este tipo de situaciones, en lugar de dedicarnos a despotricar sobre todo lo que hay a nuestro alrededor y que no es de nuestra responsabilidad y perder el tiempo leyendo y enviando mensajes que no aportan más que irritación y enfrentamiento en momentos en que se necesita esfuerzo común y responsabilidad personal.

Hecho esto me recojo en el lecho donde la abstinencia de carne cuaresmal forzosa dictada por el aislamiento me hace comenzar el descanso nocturno. 

San Juan de Alicante
 

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