Cambio de paradigma respecto a ser mayor.

La investigación, el análisis de las consecuencias positivas del envejecimiento y su divulgación, son importantes no sólo porque desde esta perspectiva se está luchando directamente en contra de los estereotipos negativos en tomo a la vejez, sino porque proporcionan una base de conocimiento de indudable valor en una sociedad que sigue y seguirá envejeciendo.
Por: Trinidad Bernal. Directora técnica de la Fundación ATYME.

Este escrito tiene como objetivo dar a conocer una nueva actividad desarrollada por la Fundación ATYME, un programa de mediación en relaciones intergeneracionales, orientado a que los hijos mayores puedan acordar, junto a sus padres, la manera de colaborar en el cuidado y atención de éstos, teniendo en cuenta lo que los padres quieren y creen necesitar.

Uno de los principales problemas con el que nos hemos encontrado, en este tipo de tarea, es la dificultad que suelen tener los hijos para comprender la perspectiva de los mayores basada en estereotipos mantenidos en nuestra sociedad y asentada en ideas acerca de los mayores como personas que hay que proteger y que ya no están en condiciones de saber lo que les conviene, por lo que hay que decidir por ellos. Este proteccionismo incide en una situación de indefensión progresiva que hace descender la seguridad personal, desarrollando un decaimiento de las habilidades personales que las mantienen activas y con la capacidad suficiente para ejercer con autodeterminación.

En base a esta realidad, hemos considerado que, para llevar a cabo este tipo de trabajo, es necesario promover acciones tendentes a favorecer un cambio de mentalidad entre la población de lo que significa persona mayor para que los hijos, en primer lugar, no repitan el proceso aprendido de sus padres de ir tomando el control, no sólo en el cuidado de éstos, sino de decidir cuál es la vida más apropiada para los padres ocasionando, sin proponérselo, un descenso de la seguridad personal y un aceleramiento a la dependencia.

Cambio social y envejecimiento

Este vivir más, no parece ir acompañado con una aptitud para retardar la pérdida de independencia, sino que ha ido acompañado del aumento de la necesidad de cuidados y atención a las personas mayores dependientes. La prueba está en que todas las ayudas que se demandan están encaminadas a paliar las deficiencias físicas, olvidando la importancia que tiene la forma de percibir la vejez y el fuerte impacto en el funcionamiento de las variables cognitivas, socioafectivas y físicas necesarias para tener una buena calidad de vida hasta el fin de la misma.

Nosotros pensamos que las ayudas a las deficiencias físicas son necesarias y, a la vez, tienen que ponerse en marcha otras que fomenten la seguridad personal, eleven la autoestima y garanticen la capacidad de autodeterminación de las personas mayores. Por eso, el proceso de envejecimiento no tiene que ser considerado como un problema, sino como una oportunidad para aprovechar. El reto es vivir más y mejor, por eso se necesitan fórmulas distintas a las utilizadas para abordar esta nueva realidad, fórmulas orientadas al respeto a la diversidad, a la autoexpresión de las personas con independencia de la edad, a una valoración de la persona mayor, diferente al antiguo concepto de utilidad social, asociando la vejez con la ausencia de valía.

Como dice Simone de Beauvoire “Cuando se ha comprendido lo que es la condición de los viejos no es posible conformarse con reclamar una “política de vejez” más generosa, un aumento de las pensiones, alojamientos sanos, ocios organizados. Todo el sistema es lo que está en juego y la reivindicación no puede ser sino radical: cambiar la vida”. (La vejez, 1970).

Para todo esto es necesario cambiar la mentalidad respecto a las personas mayo-res, aunque sería muy lento y poco eficaz que pidiéramos a la población este cambio, cuando la verdadera transformación puede producir más rápidamente, si los profesionales que estamos en relación con las personas, modificáramos ciertas ideas que tenemos respecto a los mayores, igualando decaimiento físico con imposibilidad de tomar decisiones.

Estereotipos sobre la vejez y sus efectos

Hace más de dos mil años Cicerón escribió De Senectute, donde dejaba claro los mitos y estereotipos de la vejez presentes en la sociedad del momento. Mucho se ha avanzado en la atención de las personas mayores y en la supresión de medidas que discriminan y aíslan a los ciudadanos de más edad, aunque también son muchas las evidencias que nos muestran que hay que seguir trabajando en ello, ya que aún se mantienen estereotipos sobre la vejez que obstaculizan el camino.

La belleza, la salud, la rapidez están en la base de los valores de nuestra época y todas estas condiciones físicas son algunas de las que declinan a lo largo del ciclo de la vida, por lo que no es de extrañar que la percepción y el cómo se conceptualice a la vejez sea negativa. Estos clichés negativos son aprendidos a través del proceso de socialización del individuo y, lo importante es que, estos clichés, una vez aprendidos, tienen un poder causal en el sentido de que son la causa de la conducta tanto individual como social referida a ese objeto de conocimiento e, incluso, pueden convertirse en profecías que se cumplen a sí mismas. Pero, además actúan, no solo a través de opiniones y juicios, sino que lo hacen en forma implícita, es decir, la gente no es consciente de que algunas de sus formas de entender la vejez son muy negativas e influyen, incluso determinan, comportamientos discriminatorios.

En los últimos años diferentes autores han abordado los mitos y estereotipos que se encuentran presentes en la sociedad actual. Entre ellos cabe destacar los siguientes:

  • El envejecimiento cronológico: este mito, también llamado “edadismo”, utiliza el número de años vividos para determinar lo mayor que es una persona.
  • La no productividad: el mito de la improductividad tiene que ver con la idea de que la persona deja ser útil a la sociedad cuando llega a la vejez.
  • La falta de compromiso: se basa en la idea de que las personas a medida que envejecen suelen perder el interés o desvinculación por muchas de las cosas que antes eran muy importantes en su actividad cotidiana.
  • La falta de flexibilidad: se considera a las personas mayores como individuos incapaces de cambiar, es decir, de modificar su comportamiento para adaptarse a las nuevas situaciones.
  • La senilidad:  identificación de la vejez con la enfermedad, ya que según esta creencia lo normal, en la vejez, es que se den los síntomas de la insuficiencia cerebral senil.
  • La serenidad: el mito de la serenidad ofrece una imagen positiva de la vejez, aunque errónea, ya que se percibe la vejez como un estado de tranquilidad permanente en el que se encuentran todas las personas mayores
  • La decadencia intelectual: la idea extendida de que la inteligencia se deteriora con la edad
  • El mito de la sexualidad en mayores: hay que distinguir una doble dimensión, o bien se considera que desaparece el interés por la sexualidad, en las personas mayores, o ver, patología o perversión en interés sexual de los mayores.
  • El conservadurismo: la creencia de que las personas mayores, sólo por el hecho de serlo, mantienen ideas de carácter conservador.

No podemos generalizar en lo que respecta a personas mayores y sabemos que, en múltiples aspectos, la edad no es más importante que la práctica o la experiencia sino muy al contrario, la experiencia o la práctica tiene mayor influencia sobre el comportamiento que la edad. Pero, los estereotipos marcan una dirección distinta a toda esta información. En otras palabras, una vez que se ha aprendido e internaliza-do que con la vejez necesariamente llegan todo tipo de penalidades, llegan.

Estudios psicológicos sobre la vejez

Los expertos, entre los que se encuentra Fernández Ballesteros, coinciden en que la evolución del comportamiento humano cuenta con cuatro periodos: la infancia, la adolescencia, la edad adulta y la vejez. El crecimiento de las dos primeras discurre en paralelo con el crecimiento biológico, produciéndose, en ellas, la maduración del individuo, que en estrecha interacción con el medio ambiente familiar y social es responsable de los repertorios comportamentales de que disponemos.

¿Sucede lo mismo en la edad adulta y en la vejez?, la creencia más común en nuestra cultura es que la edad adulta implica estabilidad, lo cual coincide con las ciencias biomédicas. Sin embargo, a nivel comportamental, la investigación de lo que ocurre en la edad adulta es que, con menor incremento, el individuo sigue desarrollándose o perfeccionando sus repertorios comportamentales, ya que está inserto en procesos de aprendizaje a lo largo de toda su vida adulta.

Respecto a la vejez, la creencia más arraigada es que a partir de una determinada edad empieza la vejez, coincidiendo con la jubilación, que conlleva pérdida, declive y deterioro, siendo considerada como lo hace el modelo biomédico, que indica que a lo largo de nuestra vida, pasado un período de fuerte crecimiento, todos nuestros sistemas biológicos pierden eficacia. Esto es lo que, desde la biología, se llama envejecimiento y se expresa como una involución que tiene el signo contrario a lo que llamamos desarrollo. Pero ¿ocurre eso mismo a nivel comportamental?

El ser humano no termina su desarrollo cuando acaba su máxima maduración física y biológica, ni empieza su deterioro cuando termina, en la edad adulta, su etapa laboral, se marchan sus hijos de casa, o cuando ocurre cualquier otra condición. El desarrollo, desde una perspectiva psicológica, dura mientras se siguen produciendo las transacciones entre el organismo biológico y el contexto sociocultural y en ese balance entre pérdidas y ganancias, existen factores psicológicos que experimentan ganancias y otros experimentan pérdidas.

En lo que respecta a las funciones cognitivas, Hechshaysen y Schulz establecieron un amplio conjunto de características viendo cuales experimentaban ganancias y cuáles pérdidas a lo largo de la vida, en una muestra de personas entre 20 a 90 años. Desde el punto de vista de la biología se pudo observar cambios positivos crecientes en los primeros años, una meseta de estabilidad en la edad adulta, hasta los 70 años y un declive a partir de los 70 años. Es decir, los mayores tardan más en responder a la información que reciben en comparación con los más jóvenes, sobre todo cuando las tareas que se le demandan requieren muchos recursos atencionales.

Sin embargo, es interesante resaltar que estos cambios o declives descritos ocurren desde muy temprano en la vida, a partir de los 20 años. Además de que hay ganancias o mejoras, en distinta medida y proporción a lo largo de toda la vida, más allá de los 90. Por ejemplo, aptitudes cognitivas como la amplitud de vocabulario, conocimientos, no lo hacen hasta avanzados los 70 y otras aptitudes socioafectivas, como el balance entre afecto positivo y negativo, se articulan mucho mejor en la vejez.

En lo que respecta al examen de los distintos tipos de aprendizaje, los autores ponen de manifiesto que, aunque necesitan un mayor número de ensayos y mayor tiempo de ejecución, las personas mayores, en comparación con las más jóvenes, tienen una amplia capacidad de aprendizaje. Y en lo que respecta al recuerdo, un alto porcentaje de personas mayores dicen tener fallos a la hora de recordar nombres, números de teléfono y otros muchos eventos de la vida cotidiana, aunque solo la llamada memoria operativa y la memoria episódica sufren cambios negativos asociados a la edad. En resumen, existen funciones intelectuales que declinan en función de la edad y otras que se mantienen a lo largo de la vida e, incluso, existen ciertas formas de juicio y comprensión que se incrementan en la vejez.

En lo que respecta al tema emocional, el avance en los conocimientos de la inteligencia emocional nos aporta la información, de que las emociones sirven al intelecto para dar lo mejor de él a la hora de comportarse inteligentemente. 

En la última década han proliferado los estudios en los que se compara la afectividad a distintas edades y llegan a las siguientes conclusiones:

  • Los mayores experimentan emociones con la misma intensidad que los jóvenes y, además, los mayores sienten emociones positivas con igual frecuencia que la gente más joven.
  • Existe una fuerte evidencia de que la experiencia emocional negativa se da en mucha menor frecuencia a partir de los 60 años. Así, a esas edades, existe más expresión de “felicidad”, “gratitud”, “contento” que de “frustración”, “tristeza” o “rabia”.

En conclusión, la mayor parte de autores que investigan el mundo afectivo de los mayores indican que, en la vejez, existe una mayor complejidad y riqueza emocional, es decir, que en la vejez se incrementa el manejo adecuado de los afectos y que, por tanto, existe una mayor “madurez” afectiva. Este mayor bienestar, así como el balance entre el afecto positivo en la vejez, se explica mediante la teoría de la selectividad socioemocional (Carstensen, 1991), donde el papel del afecto y la cognición van reestructurándose con la edad permitiendo una mayor cohesión entre los dos y mediando en una mayor regulación de la emoción en la vejez, llevando consigo una maximización de los aspectos positivos y minimización de los negativos cuyo producto es una mayor satisfacción o bienestar.

En definitiva, si en el mundo cognitivo ocurren algunos cambios negativos debidos a la edad, en el mundo afectivo parecen ocurrir cambios positivos esencialmente ligados a un declive de la emocionalidad negativa que algunos autores han conceptualizado como una mejor integración o elaboración emocional.

La investigación, el análisis de las consecuencias positivas del envejecimiento y su divulgación, son importantes no sólo porque desde esta perspectiva se está luchando directamente en contra de los estereotipos negativos en tomo a la vejez, sino porque seguramente va a proporcionar una base de conocimiento complementaria de indudable valor en una sociedad que sigue y seguirá envejeciendo.

A pesar de este conocimiento de la investigación psicológica, la visión estereotipada de lo que ocurre durante la vejez nos presenta un panorama sombrío, porque se sigue identificando con lo que ocurre a nivel físico, es decir, cambios negativos, deterioro y decrepitud en todos los planos, conforme se avanza. Estos clichés son importantes (Levy, B.R. (2003), no sólo porque implican falsas creencias, sino por-que tienen efectos perversos en las personas que los mantienen, porque los estereotipos negativos sobre la vejez, que tienen las personas mayores, influyen en su memoria, causan estrés y formas inadecuadas de combatirlo, e, incluso, predicen menos años de vida, comprobando que las personas que tienen estereotipos más positivos viven unos 7 años más que aquellas que tienen imágenes negativas en torno a la vejez.

Conclusiones y propuestas

El proceso de envejecimiento psicológico no ocurre de igual manera que el envejecimiento biofísico y existen funciones psicológicas que decaen muy tempranamente y otras que se mantienen e, incluso que se siguen desarrollando a lo largo de toda la vida. Por lo tanto, los individuos llegan a la vejez con muy distintos bagajes y experiencias debido no solo al estado de su organismo sino, sobre todo, de la historia de aprendizaje y de las circunstancias que les ha tocado vivir.

En palabras de Emma Riverola, sacadas de un artículo del País: Cervantes engendró Don Quijote con más de 50 años. Picasso pintó el Guernika, con cerca de 60. Gaudí inició la construcción de La Pedrera, con más de 55 años. Pasteur comenzó con la vacuna de la rabia a sus 63 años y todos los domingos podemos disfrutar con las opiniones de Vargas Llosa, en el País, con sus 75 años. ¿Es posible establecer un modelo de sociedad que premie el conocimiento, la capacidad y el espíritu crítico más allá del número de arrugas que surcan la piel?.

Los resultados de los estudios sobre la vejez no están divulgados y los mitos y prejuicios originados en un paradigma, que asocia envejecimiento-discapacidad-pobreza, conducen a la necesidad de aislamiento e institucionalización, promueven la desvalorización propia y ajena y allanan el camino hacia el maltrato, el abuso o el abandono.

Se necesita asentar un nuevo marco de valores, que reconozca que las personas mayores son activas, se ocupan de su salud y continúan aportado a la sociedad hasta el final de sus vidas, por lo que es necesario reconocer, que muchos de estos problemas no se resuelven sólo desde las políticas socia-les o de salud y que hay que modificar las situaciones de estatus de este sector de la población, lo que requiere ciudadanos conscientes de sus derechos, de adultos mayores organizados, empoderados, protagonistas de los cambios.

Desde estos planteamientos, la Fundación ATYME, al igual que hizo en los 90, cuando implantó el programa de mediación en ruptura de pareja, demostrando su utilidad para: modificar ideas inadecuadas, entre la población, en relación a unir pareja y familia; abordar los conflictos de manera pacífica, favoreciendo el pacto, en lugar de enfrentamiento; promover la autodeterminación, reconociendo la capacidad de las personas para tomar sus propias decisiones. De la misma manera ATYME, quiere contribuir a cambiar los estereotipos sobre los mayo-res, ideas que impiden el ejercicio de la autodeterminación y encontrar un nuevo paradigma donde los valores se asienten en el conocimiento, la comprensión y la madurez emocional.

TwitterLinkedinFacebookEmail

Añadir nuevo comentario

HTML Restringido

  • Puede alinear imágenes (data-align="center") pero también videos, citas, y demás.
  • No sólo puede subtitular imágenes (data-caption="Text"), sino también videos, blockquotes, y mucho más.